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Isquemia arterial: cuando la mala circulación pone en riesgo la pierna y la vida.
Enfermedad arterial

Isquemia arterial: cuando la mala circulación pone en riesgo la pierna y la vida.

Síntomas, causas, tratamientos y por qué detectarla a tiempo puede evitar una amputación.

Dra Soledad Gómez
Dra Soledad Gómez
18 de octubre de 2026 · 👁 14 lecturas

En mi consulta hay una escena que se repite con frecuencia: un paciente se quita el zapato y aparece una herida que lleva semanas sin cerrar o un dedo que ha comenzado a oscurecerse. Antes de llegar, ha probado cremas, curaciones y remedios caseros. Cuando le pregunto si sentía dolor al caminar, muchas veces escucho: «Sí, doctora, pero pensé que era la edad».

Ese dolor podía ser una señal de isquemia arterial: la sangre no estaba llegando en cantidad suficiente a la pierna.

Después de casi dos décadas dedicada a la cirugía vascular, una de las situaciones más difíciles que enfrento es explicar que el daño ya es irreversible y que debemos priorizar la vida del paciente. Por eso quiero explicar cómo reconocer esta enfermedad, qué opciones tenemos para tratarla y por qué consultar a tiempo puede marcar una diferencia decisiva.

¿Qué es la isquemia arterial?

La isquemia arterial ocurre cuando un tejido recibe menos sangre de la que necesita porque la arteria que lo alimenta se estrecha o se obstruye. Sin suficiente oxígeno, ese tejido empieza a sufrir y, si la falta de circulación persiste, puede morir.

En consulta suelo compararlo con una manguera: si su interior se estrecha, pasa menos agua; si se tapa por completo, el flujo se interrumpe.

Distingo dos formas principales:

  • Isquemia crónica: se desarrolla progresivamente, generalmente durante años. El organismo puede formar pequeños caminos alternativos para la sangre, pero esa compensación no siempre es suficiente.
  • Isquemia aguda: aparece de manera repentina, habitualmente por un coágulo. La extremidad puede quedar en peligro en pocas horas y requiere atención inmediata.

Aunque la isquemia puede afectar distintos órganos, en cirugía vascular atendemos con frecuencia la de las piernas. Cuando la enfermedad crónica provoca dolor en reposo, heridas que no cicatrizan o gangrena, hablamos de isquemia crónica que amenaza la extremidad, también conocida como isquemia crítica.

¿Por qué se produce y quién tiene mayor riesgo?

La causa más frecuente de la forma crónica es la aterosclerosis: la acumulación de placas de grasa, colesterol y otros componentes en las paredes de las arterias. Estas placas reducen el espacio por donde circula la sangre.

Los factores que más me interesa identificar son el tabaquismo, la diabetes, la hipertensión, el colesterol elevado y la enfermedad renal crónica. También considero la edad, los antecedentes familiares, el sedentarismo y el exceso de peso.

En las personas con diabetes existe una dificultad adicional: el daño en los nervios puede disminuir la sensibilidad de los pies. Por eso, una lesión importante puede avanzar sin causar el dolor que normalmente serviría de advertencia.

La isquemia aguda tiene un mecanismo diferente. Un coágulo puede formarse en el corazón y viajar hasta una arteria de la pierna, como puede ocurrir en personas con fibrilación auricular. También puede formarse sobre una arteria previamente enferma u obstruir un bypass o un stent.

Hay algo que siempre explico: la enfermedad arterial de las piernas también es una señal de riesgo cardiovascular. No me concentro únicamente en el pie; también debemos reducir el riesgo de infarto y accidente cerebrovascular.

Cómo avanza y qué señales debemos reconocer

La enfermedad puede permanecer silenciosa al inicio. Cuando aparecen síntomas, una manifestación característica es el dolor, calambre o cansancio en la pantorrilla, el muslo o la nalga al caminar, que mejora al detenerse. Lo llamamos claudicación intermitente.

Si la circulación empeora, puede aparecer dolor incluso en reposo, especialmente en el pie y los dedos durante la noche. Algunos pacientes sienten alivio al colgar la pierna fuera de la cama.

En las etapas más avanzadas, un roce del zapato o una pequeña lesión puede convertirse en una herida que no cicatriza. También pueden aparecer zonas oscuras o negras, indicativas de muerte del tejido.

Pido prestar atención a estas señales:

  • Dolor al caminar que obliga a detenerse.
  • Un pie más frío que el otro o cambios persistentes de color.
  • Heridas en dedos, talones o pies que no mejoran.
  • Dolor nocturno o en reposo.
  • Dedos morados o negros.

No todas las personas pasan por estas etapas en orden. En quienes tienen diabetes, una herida puede ser la primera señal visible. Por eso no recomiendo esperar a que aparezca dolor para revisar los pies.

Tampoco debemos confundir la isquemia con las várices. Las várices afectan a las venas, que devuelven la sangre al corazón; la isquemia afecta a las arterias, que la llevan hacia los tejidos. Ambas suelen describirse como «mala circulación», pero sus consecuencias y tratamientos son distintos.

Cuando los síntomas aparecen de golpe, es una emergencia

Si una pierna o un brazo presenta dolor intenso y repentino, frialdad, palidez, adormecimiento o pérdida de fuerza, puede existir una obstrucción arterial aguda.

La pérdida de sensibilidad o la dificultad para mover el pie son señales especialmente preocupantes. No es necesario que aparezcan todos los síntomas para buscar ayuda.

Mi indicación es acudir inmediatamente a emergencias. No esperar una cita ni probar remedios caseros.

El daño puede volverse irreversible en pocas horas. Frotar la extremidad o aplicar calor no resuelve la obstrucción y puede causar lesiones adicionales, especialmente cuando hay pérdida de sensibilidad.

Qué puede ocurrir cuando se retrasa el tratamiento

Cuando un tejido muere por falta de circulación, se produce gangrena. Puede ser seca, con zonas negras y endurecidas, o acompañarse de infección, hinchazón, secreción y mal olor.

La infección en un pie con mala circulación es especialmente difícil de controlar: las defensas del organismo y los antibióticos no llegan adecuadamente al tejido afectado.

Si esa infección desencadena una sepsis, puede dañar órganos y poner en peligro la vida. En una persona con una herida infectada, la fiebre o los escalofríos, la confusión, la dificultad para respirar o un deterioro importante del estado general obligan a acudir a emergencias.

Cuando ya no es posible recuperar la circulación o controlar una infección grave conservando la extremidad, puede ser necesaria una amputación. Es una decisión difícil, pero en determinados casos es la intervención que permite salvar la vida.

No todas las amputaciones pueden evitarse. Sin embargo, el diagnóstico oportuno y un tratamiento adecuado pueden prevenir muchas complicaciones.

Cómo diagnostico la isquemia arterial

La evaluación comienza escuchando al paciente. Pregunto cuándo aparece el dolor, cuánto puede caminar, si tiene heridas y cuáles son sus antecedentes. Después reviso la piel, la temperatura y los pulsos de las piernas y los pies.

Según el caso, utilizo estudios como:

  • Índice tobillo-brazo: compara la presión arterial de los tobillos con la de los brazos para detectar una reducción del flujo.
  • Eco Doppler arterial: permite observar las arterias y evaluar cómo circula la sangre.
  • Angiotomografía o angiorresonancia: muestran con mayor detalle dónde están las obstrucciones y ayudan a planificar el tratamiento.
  • Arteriografía: permite estudiar las arterias mediante contraste y, en determinados casos, tratar la obstrucción durante el mismo procedimiento.

En personas con diabetes o enfermedad renal, la calcificación arterial puede dificultar la interpretación del índice tobillo-brazo. Por eso, cuando es necesario, complemento la evaluación con mediciones en los dedos u otras pruebas de circulación.


Qué tratamientos tenemos disponibles

El tratamiento depende de la gravedad de la enfermedad, de las arterias afectadas y del estado general del paciente. No todas las personas necesitan una operación.

Control de los factores de riesgo y medicamentos

La base es dejar de fumar y controlar la diabetes, la presión arterial y el colesterol. También indico los medicamentos apropiados para reducir el riesgo cardiovascular y de formación de coágulos.

La elección depende de cada caso. Los antiagregantes, las estatinas y, en pacientes seleccionados, los anticoagulantes requieren valoración médica; no deben iniciarse por cuenta propia.

Ejercicio indicado para cada etapa

En quienes tienen dolor al caminar, un programa estructurado de caminata puede mejorar la capacidad física y la distancia recorrida.

Pero si ya existe dolor en reposo, una herida o gangrena, la actividad debe ajustarse a la valoración vascular. No doy la misma recomendación a todas las etapas de la enfermedad.

Procedimientos para recuperar la circulación

Cuando los síntomas limitan la vida a pesar del tratamiento, o la extremidad está amenazada, valoro una revascularización: abrir un camino para que vuelva a llegar sangre.

Las principales opciones son la angioplastia, que utiliza un balón para ampliar la zona estrecha y puede acompañarse de un stent, y el bypass, que crea una ruta alternativa alrededor de la obstrucción. En algunos casos se retira la placa mediante cirugía o se combinan técnicas.

En la isquemia aguda, el tratamiento es urgente y puede incluir medicamentos y procedimientos para retirar o disolver el coágulo.

Si hay heridas, su cuidado debe acompañar el manejo de la circulación y de cualquier infección. Las curaciones locales por sí solas no resuelven una falta importante de riego sanguíneo.

Qué se puede esperar después del diagnóstico

El pronóstico depende de la etapa en que detectamos la enfermedad y de la respuesta al tratamiento.

Muchas personas con dolor al caminar pueden mejorar y conservar una buena calidad de vida con medicamentos, ejercicio y control de sus factores de riesgo. Cuando ya hay dolor en reposo, heridas o gangrena, aumenta el riesgo de amputación y de otras complicaciones graves.

También explico que recuperar la circulación no elimina la aterosclerosis. Aunque una herida cierre o el dolor mejore, el seguimiento sigue siendo necesario para proteger la extremidad y la salud cardiovascular.

Cómo proteger sus piernas y su salud

Mis recomendaciones preventivas comienzan con acciones concretas: abandonar el tabaco, cumplir el tratamiento de la diabetes y la hipertensión, controlar el colesterol y mantener una actividad física adecuada.

Si tiene diabetes, recomiendo revisar los pies todos los días, utilizar calzado cómodo y evitar caminar descalzo. También aconsejo no tratar callos o uñas encarnadas por cuenta propia cuando existen problemas de sensibilidad o circulación.

Ante una herida, una ampolla o un cambio de color, es preferible consultar pronto. Además, en personas con mayor riesgo —por edad, diabetes, tabaquismo o enfermedad arterial en otros órganos— valoro si conviene estudiar la circulación incluso sin síntomas.

Después de estos años de práctica, mi mensaje sigue siendo el mismo: no atribuya automáticamente el dolor de piernas a la edad ni espere a que una herida empeore para buscar ayuda.

Si presenta molestias al caminar, dolor nocturno o lesiones que no cicatrizan, le invito a una valoración vascular conmigo en Quito. Identificar el problema a tiempo nos permite elegir el tratamiento con mejores posibilidades de proteger su movilidad, su independencia y su vida.

Si los síntomas aparecen de forma repentina, con una extremidad fría, pálida, dolorosa o sin fuerza, acuda directamente a emergencias.

Dra Soledad Gómez
Sobre el autor
Dra Soledad Gómez

La Dra Soledad Gómez es médico especialista en Cirugía Vascular con más de 19 años de experiencia.

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