Saltar al contenido
098 720 6064

Calle OE7A y Av. Mariana de Jesús, Edif. Netlab Piso 05, Consultorio 503. Quito - Ecuador.

Lun a Jue: 13:30 – 15:00 · Vie: 13:30 – 14:30

Tumor del Glomus Carotídeo: Lo que necesita saber sobre este diagnóstico
Diagnóstico

Tumor del Glomus Carotídeo: Lo que necesita saber sobre este diagnóstico

Una guía sencilla sobre el tumor de glomus carotídeo y por qué vivir en altura aumenta el riesgo

Dra Soledad Gómez
Dra Soledad Gómez
17 de septiembre de 2026 · 👁 10 lecturas

Si le han dicho que tiene un tumor del glomus carotídeo, puede que la palabra “tumor” le haya dejado pensando en lo peor. Cuesta prestar atención al resto de la explicación cuando uno está preocupado por eso.

Por eso quiero detenerme en lo que significa este diagnóstico. Hay varias opciones para tratarlo o vigilarlo, y para elegir necesitamos conocer bien su caso.

¿Qué es el glomus carotídeo?

A cada lado del cuello tenemos una arteria carótida. Cerca del punto donde se divide en dos ramas hay una estructura muy pequeña, llamada cuerpo carotídeo, que detecta cambios en el oxígeno de la sangre. Esa información ayuda al cuerpo a ajustar la respiración.

El tumor aparece cuando algunas de sus células crecen de forma anormal. Su nombre médico es paraganglioma carotídeo. Es un nombre poco conocido y, de entrada, no dice mucho para quien lo escucha por primera vez.

Suele crecer despacio. Muchas personas lo notan porque aparece un bulto a un lado del cuello, sin dolor ni otras molestias. También puede descubrirse en un examen que se hizo por otra razón.

La mayoría de estos tumores no se extiende a otras partes del cuerpo. Aun así, hay que estudiarlos: están en una zona por donde pasan arterias y nervios importantes. El lugar que ocupan y la forma en que crecen cuentan mucho a la hora de decidir qué hacer.

¿Por qué aparece? ¿Tiene que ver con la altura?

Si usted vive en Quito, es posible que haya oído que estos tumores son más frecuentes en ciudades altas. Se ha descrito esa asociación.

A mayor altura hay menos oxígeno disponible para el organismo. El cuerpo carotídeo responde a esa condición, y ese estímulo sostenido puede favorecer cambios en su tejido. Pero de ahí a decirle que el tumor apareció únicamente por vivir en Quito hay una diferencia. No podemos asegurarlo.

También hay factores genéticos. Si alguien de su familia ha tenido un tumor parecido, conviene comentarlo, aunque no recuerde bien cómo se llamaba. Podemos revisar ese antecedente.

Y si no hay casos conocidos en la familia, igualmente es pertinente valorar el asesoramiento genético. Lo que se encuentre puede ayudar a definir los controles que usted necesita y, en algunos casos, los de sus familiares.

Si no duele, ¿puede esperar?

Que no duela no nos dice cuánto ha crecido ni cómo está situado. Para saberlo necesitamos examinarlo y ver las imágenes.

Cuando es pequeño, suele ser más fácil separarlo de las estructuras que tiene alrededor. Si aumenta de tamaño, puede ir rodeando las arterias y acercarse más a los nervios. Retirarlo en esas condiciones exige una operación más delicada.

Esto es algo que conviene hablar con claridad. Puede haber sangrado o lesiones de nervios que afecten la voz, la forma de tragar o el movimiento de la lengua. En ciertos casos también hace falta reconstruir una parte de la carótida.

No todos los tumores llegan a ese punto. Tampoco todos deben operarse en cuanto se descubren. Lo que sí conviene es conocer la situación a tiempo, para decidir con información y poder seguir su evolución.

¿Qué exámenes hacen falta?

La ecografía Doppler suele ser uno de los primeros estudios. Nos ayuda a ver dónde está el bulto y cómo circula la sangre en él.

Después podemos necesitar una tomografía o una resonancia, generalmente con contraste. Con esas imágenes se aprecia mejor cuánto mide el tumor y qué relación tiene con las arterias. Si vamos a operar, esa información es parte de la planificación.

Quizá usted se pregunte por la biopsia. En este caso normalmente se evita pinchar la lesión, porque tiene muchos vasos sanguíneos y la punción puede causar un sangrado importante. Habitualmente, las imágenes permiten orientar el diagnóstico sin recurrir a ella.

La evaluación también puede incluir análisis de sangre u orina para comprobar si el tumor produce hormonas.

¿Qué significa “Shamblin” en el informe?

Puede que junto al nombre del tumor aparezca “Shamblin I, II o III”. Es una clasificación que usamos para describir su relación con las arterias.

En términos generales, cuanto más las rodea, mayor puede ser la dificultad para retirarlo. Esa clasificación ayuda a preparar la cirugía y a conversar sobre sus riesgos. Por sí sola, no nos dice si el tumor es canceroso.

Ilustración del tumor del glomus carotídeo junto a la arteria carótida

¿Cómo se trata?

La cirugía permite quitar el tumor por completo cuando es posible hacerlo. Para recomendarla hay que valorar las imágenes, los síntomas y su estado de salud.

La operación consiste en separar la lesión de las arterias y de los nervios que están cerca. Es un trabajo cuidadoso. Buscamos retirarla y proteger tanto la circulación hacia el cerebro como las funciones de esos nervios.

A veces se plantea un procedimiento previo llamado embolización. Consiste en reducir el paso de sangre por algunos de los vasos que alimentan el tumor, con la intención de facilitar la cirugía. No se hace en todos los casos; también tiene riesgos y hay que valorar si aporta un beneficio.

Si la arteria está muy comprometida, puede ser necesario reconstruir un segmento con un injerto. Cuando las imágenes hacen pensar en esa posibilidad, debemos explicárselo antes de operar.

Sobre la recuperación, es comprensible que quiera saber cuántos días estará hospitalizado o cuándo podrá volver a sus actividades. La respuesta depende de la intervención que necesite. Podemos darle una orientación al revisar sus estudios, sin prometerle que todos los casos evolucionan igual.

¿Y si prefiero no operarme?

Podemos hablarlo. Para algunas personas, la vigilancia con controles periódicos es una opción razonable, sobre todo si el tumor crece muy despacio o si una operación supone un riesgo elevado.

Vigilarlo implica tener un plan: cuándo volver a consulta, qué estudio repetir y qué cambios nos harían revisar la decisión. Su preferencia cuenta, junto con lo que muestran los exámenes.

En ciertas situaciones también se considera la radioterapia para controlar el crecimiento. La elección depende de las características del tumor y de los beneficios y riesgos de cada alternativa.

Si ha notado un bulto en el cuello, pida una valoración aunque no le moleste. Hay distintas causas posibles; primero necesitamos saber cuál es.

Y si ya tiene el diagnóstico, podemos revisar sus informes y las imágenes en la consulta. Los revisaremos con usted. Pregunte lo que necesite, incluso si cree que ya se lo explicaron: entender qué le pasa y por qué le proponemos un tratamiento forma parte de su atención.

Dra Soledad Gómez
Sobre el autor
Dra Soledad Gómez

Especialista en Cirugía Vascular con más de 19 años de experiencia.

¿Te preocupa tu salud vascular?

Agenda una consulta con la Dra. Soledad Gómez. Más de 16 años de experiencia en cirugía vascular.

Agendar cita ahora →