“Doctora, yo ya me operé las várices hace unos años... ¿por qué me volvieron a salir?”
Esta pregunta la escucho casi todas las semanas en consulta. Y la entiendo perfectamente. Uno se somete a un tratamiento, invierte tiempo, dinero, a veces pasa por una recuperación incómoda, y al cabo de un tiempo vuelve a ver esas venas abultadas en la pierna. La sensación es de frustración, y muchas veces de desconfianza: “¿me hicieron mal el tratamiento?”.
A veces sí hay algo que se pudo hacer mejor, no lo voy a negar. Pero en la mayoría de los casos la explicación es otra, y tiene que ver con la naturaleza misma de la enfermedad. En este artículo quiero contarle, de la forma más clara posible, qué pasa realmente cuando las várices regresan y qué podemos hacer al respecto.
Primero lo primero: las várices son una enfermedad crónica
Esto es lo más importante que quiero que se lleve de este artículo. Las várices no son simplemente “venas feas” que se quitan y ya. Son la manifestación visible de algo que técnicamente llamamos insuficiencia venosa crónica.
Le explico rápido cómo funciona. Las venas de las piernas tienen que llevar la sangre de regreso al corazón, es decir, hacia arriba, contra la gravedad. Para lograrlo tienen unas pequeñas válvulas por dentro que se abren para dejar pasar la sangre y se cierran para que no se regrese. Cuando esas válvulas se debilitan o dejan de cerrar bien, la sangre se devuelve (a eso le llamamos reflujo), se acumula, y la vena se va dilatando y deformando con el tiempo. Así nace una várice.
Ahora bien, ¿por qué fallan esas válvulas? En buena parte por herencia genética, por la calidad de la pared de la vena con la que uno nació. Y eso no lo cambia ningún tratamiento. Lo que hacemos con el láser, la radiofrecuencia, la espuma o la cirugía es tratar las venas que ya están enfermas. Pero las demás venas de la pierna siguen siendo las mismas, con la misma predisposición.
Por eso me gusta compararlo con la presión alta o la diabetes: se controla muy bien, pero hay que seguirla de cerca. Tratar no es lo mismo que curar para siempre.
Las razones más comunes por las que vuelven
En la literatura médica esto tiene nombre: várices recidivantes o recurrencia venosa. Se estima que un porcentaje importante de pacientes, en algunos estudios entre un 20 y un 50 % a los cinco años según la técnica y cómo se mida, vuelve a presentar algún grado de várices. No es poco. Y no hay una sola causa, sino varias que muchas veces se combinan.
1. El estudio inicial no fue completo
Aquí sí tengo que ser honesta. Antes de tratar cualquier várice hay que hacer una ecografía Doppler venosa bien hecha, con el paciente de pie, recorriendo toda la pierna. Ese estudio es el mapa: nos dice qué vena es la que está fallando de verdad, dónde empieza el reflujo y hacia dónde va.
Cuando se trata solo lo que se ve por fuera (las venitas o las várices superficiales) sin corregir la vena “madre” que las está alimentando, que casi siempre es la safena, el problema vuelve. Y rápido. Es como secar el piso sin cerrar la llave que gotea.
2. La vena tratada se volvió a abrir
Con técnicas como el láser, la radiofrecuencia o la espuma, la vena enferma no se saca: se cierra por dentro y el cuerpo la va reabsorbiendo con los meses. En la gran mayoría de casos queda cerrada. Pero en un porcentaje pequeño, la vena se vuelve a abrir, total o parcialmente. A esto le llamamos recanalización.
Es más frecuente con la espuma en venas muy gruesas, o cuando la vena era demasiado grande para la energía que se aplicó. Por eso los controles con ecografía después del procedimiento son tan importantes, porque nos permiten detectarlo a tiempo.
3. El cuerpo fabrica venas nuevas
Esto a los pacientes les sorprende mucho. Después de una cirugía, sobre todo de las técnicas clásicas donde se liga la safena en la ingle, el organismo, en su intento de cicatrizar, puede formar pequeñas venas nuevas en esa zona. Se llama neovascularización. Esas venitas nuevas no tienen buenas válvulas y pueden volver a crear un camino para el reflujo.
No es culpa del cirujano ni del paciente: es una respuesta natural del cuerpo. Justamente por eso hoy se prefieren técnicas mínimamente invasivas como la radiofrecuencia o el láser, que generan menos trauma en la ingle y, según la evidencia, parecen provocar menos neovascularización.
4. La enfermedad siguió avanzando en otras venas
La más común de todas, la verdad. Usted se trató la safena interna de la pierna derecha, quedó perfecta, y cinco años después aparece el problema en otra vena: la safena accesoria, la safena externa (la de atrás de la pantorrilla), o las venas perforantes, que conectan el sistema superficial con el profundo.
No es que la várice “regresó”. Es que apareció una nueva, en una vena que antes estaba sana. La predisposición sigue ahí.
5. El origen estaba en otro lado
Hay casos menos frecuentes, pero que vale la pena mencionar. En algunas mujeres, sobre todo las que han tenido varios embarazos, las várices de las piernas (especialmente las que aparecen en la parte interna del muslo, la vulva o los glúteos) vienen de venas enfermas en la pelvis. Si eso no se investiga, uno puede tratar la pierna mil veces y seguirán apareciendo.
También hay pacientes con problemas en el sistema venoso profundo, por ejemplo por una trombosis antigua, que hacen que la presión en las venas superficiales siga alta a pesar del tratamiento.
¿Quiénes tienen más riesgo de que les vuelvan?
No todos los pacientes tienen la misma probabilidad. En mi experiencia, y coincide con lo que dicen los estudios, estos son los factores que más pesan:
- Antecedentes familiares. Si su mamá, su papá o sus abuelos tenían várices, usted tiene más chance de que la enfermedad siga apareciendo.
- Embarazos, sobre todo si son varios. Los cambios hormonales y el aumento de presión en la pelvis afectan mucho a las venas.
- Sobrepeso. Más peso significa más presión sobre las venas de las piernas, todos los días.
- Trabajos de pie o sentado muchas horas. Profesores, cocineros, personal de salud, estilistas, choferes, gente que pasa todo el día frente a una computadora... la pierna quieta es enemiga de la circulación.
- Sedentarismo. El músculo de la pantorrilla funciona como una bomba que empuja la sangre hacia arriba. Si no se mueve, no bombea.
- Várices muy avanzadas al momento del primer tratamiento, o haber tenido una trombosis.
Fíjese que varios de estos factores no se pueden cambiar (la genética, por ejemplo), pero otros sí. Y ahí es donde usted tiene un papel enorme.
Lo que usted puede hacer para que no regresen (o tarden mucho más)
No existe una fórmula mágica, pero sí hay cosas que marcan una diferencia real. Siempre se las digo a mis pacientes al darles el alta:
Muévase. Caminar, nadar, montar bicicleta. Media hora al día de caminata ya activa la bomba de la pantorrilla. Si trabaja sentado, levántese cada hora aunque sea un par de minutos; si trabaja de pie, mueva los tobillos, póngase de puntillas, no se quede estático.
Use las medias de compresión cuando se las indiquen. Sé que no son cómodas, sobre todo con el clima de la Sierra que cambia tanto en el día, pero ayudan a que la vena no se siga dilatando. No todos las necesitan de por vida; eso lo definimos en cada caso.
Cuide su peso. No hace falta obsesionarse, pero bajar algunos kilos si hay sobrepeso reduce la presión sobre las venas de forma notable.
Eleve las piernas al final del día, unos 15 o 20 minutos, más arriba del nivel del corazón. Es sencillo y funciona.
Y, sobre todo, no se salte los controles. Una ecografía de seguimiento al mes, a los seis meses y luego una vez al año nos permite ver cualquier cambio antes de que se note por fuera. Una várice que empieza se trata mucho más fácil, con una sesión corta de espuma o esclerosis, que una que lleva años creciendo.
¿Y si ya le volvieron? Tranquilo, tienen tratamiento
Lo primero: no se desanime ni piense que “no vale la pena volver a tratarse”. Las várices recurrentes se pueden tratar, y muchas veces con procedimientos más sencillos que el primero.
Lo que sí le recomiendo es no ir directo a “quitarse las venitas” que se ven. Primero necesitamos un nuevo estudio Doppler completo para entender de dónde viene esta vez el problema: si es la misma vena que se reabrió, una vena nueva, una perforante o incluso algo de la pelvis. Con ese mapa decidimos el tratamiento, que puede ser radiofrecuencia o láser en otra safena, espuma guiada por ecografía, microcirugía de las venas superficiales, o una combinación.
Consulte pronto si nota alguno de estos signos:
- Venas abultadas nuevas o que están creciendo.
- Pesadez, cansancio o hinchazón de las piernas al final del día.
- Calambres nocturnos frecuentes.
- Cambios de color en la piel del tobillo (manchas oscuras) o picazón en esa zona.
Y acuda de inmediato si tiene una pierna muy hinchada, caliente, roja o dolorosa de un momento a otro, o si una várice sangra. Eso no puede esperar.
Para terminar
Si me permite un consejo de alguien que lleva años viendo piernas todos los días: no vea el tratamiento de várices como algo que se hace una sola vez y se olvida. Véalo como el inicio de un cuidado a largo plazo, igual que uno va al dentista aunque ya se haya hecho una curación.
Las várices que vuelven no significan que fracasó. Significan que su cuerpo tiene una tendencia que hay que acompañar. Con un buen diagnóstico, un tratamiento bien elegido y controles periódicos, la gran mayoría de mis pacientes mantiene sus piernas sanas y sin molestias por muchos años.
Si tiene dudas sobre su caso, o le volvieron a aparecer várices después de un tratamiento, con gusto lo reviso en consulta.

