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Trombosis Venosa Profunda: cuando el cuerpo pide atención urgente

Trombosis Venosa Profunda: cuando el cuerpo pide atención urgente

Quiero que nos detengamos un momento en algo serio, pero no para asustar, sino para comprender. La trombosis venosa profunda, conocida como TVP, es una de esas condiciones que pueden pasar inadvertidas al inicio… y, sin embargo, necesitan una respuesta rápida y precisa. A lo largo de mi vida profesional he visto casos que comienzan con una molestia aparentemente trivial y terminan siendo un punto de inflexión para los pacientes.


Y, curiosamente, casi nadie piensa en trombosis hasta que le toca enfrentarse a ella.


¿Qué es realmente una TVP?


Voy a explicarlo de la forma más clara y humana posible. Una trombosis venosa profunda ocurre cuando se forma un coágulo dentro de una vena profunda, generalmente en las piernas. No es una vena superficial, de esas que vemos bajo la piel. No. Son venas grandes, escondidas, que llevan sangre directamente de regreso al corazón.


Cuando un coágulo aparece en ese sistema, interrumpe el flujo normal. La sangre queda atrapada. Las paredes de la vena se inflaman. Y el riesgo más temido surge si ese coágulo, o un fragmento de él, se desprende y viaja hacia los pulmones. Es ahí donde puede producirse una embolia pulmonar, que sí es una urgencia mayor.


Pero vayamos paso a paso.


¿Cómo se siente? ¿Cómo empieza?


La mayoría de personas espera un dolor insoportable o un síntoma evidente. Pero no siempre es así. De hecho, muchos pacientes me han dicho frases como:

“Pensé que era cansancio”,

“Creí que me había torcido el tobillo”,

o “Doctora, apenas me molestaba”.


Sin embargo, sí hay señales que, si se escuchan, pueden guiar en la dirección correcta:


  1. Dolor profundo, más intenso al caminar o apoyar el peso.
  2. Hinchazón repentina en una pierna.
  3. Sensación de calor en una zona específica.
  4. Cambios en el color de la piel: rojiza, violácea o más pálida de lo normal.
  5. Una pesadez “extraña”, difícil de describir pero imposible de ignorar.


La TVP no grita. Susurra. Y por eso la detección temprana es un desafío.


¿Por qué aparece?


Aquí me gusta detenerme un poco, porque cada paciente tiene su propia historia. La trombosis venosa profunda tiene factores bien conocidos:


  1. Cirugías recientes.
  2. Viajes largos sin movimiento.
  3. Embarazo.
  4. Enfermedades inflamatorias.
  5. Traumatismos.
  6. Tabaquismo.
  7. Medicamentos hormonales.
  8. Predisposición genética.

Pero también he visto casos que surgen cuando la combinación de varios factores se alinean en el momento menos esperado. Personas jóvenes, activas, que jamás imaginaron vivir algo así.

La clave está en entender que una TVP no tiene un solo rostro. Por eso la medicina requiere observar y escuchar con calma.


¿Cómo se confirma el diagnóstico?


Siempre, siempre recurro a un Eco Doppler venoso. Es una herramienta segura, rápida y extremadamente precisa. Con ella puedo ver el coágulo, su tamaño, su ubicación y, sobre todo, saber si hay riesgo de progresión.


La valoración clínica es fundamental, pero el Doppler es quien nos muestra la realidad sin suposiciones.


¿Y qué hacemos cuando confirmamos una TVP?


Este es un momento delicado, tanto médica como emocionalmente. La palabra “trombosis” genera miedo. Lo sé y lo entiendo. Por eso me gusta explicarlo con calma.


El tratamiento se basa principalmente en anticoagulación. Son medicamentos que impiden que el coágulo crezca y permiten que el cuerpo, poco a poco, lo vaya reabsorbiendo. No “disuelven” el trombo por arte de magia; acompañan al organismo a hacerlo de forma segura.


En algunos casos específicos —y digo específicos porque no aplica para todos— se evalúan alternativas como filtros en la vena cava o procedimientos más intervencionistas. Pero lo usual es un manejo médico bien controlado.


Además, se recomienda movimiento moderado, compresión graduada cuando está indicada y controles regulares para vigilar la evolución.


¿Qué pasa después?


Aquí es donde muchas personas no reciben suficiente información. Después de una TVP, la vena afectada puede quedar dañada. Esto puede generar cambios a largo plazo: inflamación crónica, pesadez, dolor al final del día o manchas oscuras en la piel. Lo llamamos síndrome postrombótico.

No es inevitable, pero sí frecuente si no se sigue un plan adecuado de recuperación.


La buena noticia es que, con seguimiento y cuidados correctos, muchos pacientes llevan una vida completamente normal.


¿Se puede prevenir?


En gran medida, sí.


  1. Moverse con frecuencia en viajes prolongados.
  2. Evitar permanecer sentado por horas sin estirar las piernas.
  3. Mantener un peso saludable.
  4. Hidratarse bien.
  5. Usar medias de compresión en los casos indicados.
  6. Y, sobre todo, consultar cuando algo “no se siente bien”.

La prevención no es complicada, pero requiere atención a esos pequeños detalles que solemos pasar por alto.


Conclusiones


He visto cómo una trombosis cambia la vida de una persona en cuestión de días. Y también he visto cómo una detección oportuna la salva. Lo que más deseo siempre, como médica, es que mis pacientes se sientan acompañados y comprendidos.


La TVP es seria, sí. Pero también es manejable cuando se aborda con responsabilidad y rapidez. Si hay algo que quiero dejar grabado hoy es esto: escuchen su cuerpo. La mayoría de veces, avisa. El problema es que no siempre lo escuchamos.



Fuentes y Referencias

  1. Guías clínicas de la Unión Internacional de Angiología.
  2. Sociedad Latinoamericana de Flebología y Linfología.
  3. Revisión actualizada en trombosis venosa profunda y manejo anticoagulante.
  4. Experiencia clínica de la autora.


Autor: Dra Soledad Gómez

2025-11-05 16:30:57

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